VOTO EN BLANCO.PARA CONTINUAR EL DEBATE

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Para "continuar el debate", como lo propone Lucia Ortiz,  lo primero es evidenciar que la posibilidad de que Clara López y Aida Avella triunfen en las elecciones presidenciales no es pequeñísima, simplemente inexistente.   Y esto es así porque la izquierda colombiana esta alejada de  las masas lo que le hace imposible, por ahora,  llegar efectivamente al poder.  La pregunta es si el gran masa que constituye el pueblo colombiano es incapaz de entender el mensaje de las izquierdas o estas no han sido capaces de convocar a las masas. Mi percepción es que la incapacidad está en las dirigencias de las "izquierdas" y no una  masa incapaz de entender lo trágico de su situación. Como lo dijera ya hace un tiempo Jorge Eliecer Gaitán, "el pueblo es superior a sus dirigentes", y en este momento el pueblo es superior, muy superior,  a sus partidos políticos.
 
 
En todo el debate sobre el voto en blanco he resaltado que si no existe democracia dentro de los partidos políticos, único camino de acceso a las posiciones de poder, no existe democracia real. Esto es lo que sucede en Colombia actualmente, donde una masa aún no políticamente cualificada pero en proceso de serlo y  consciente de su triste situación,  al saber que no tiene posibilidad de  acceso a los cargos de decisión, porque los partidos existentes son maquinarias de intereses personales o sectoriales que los excluyen, abandonan la política y se entregan a la desesperanza que se refleja en la abstención endémica en los procesos electorales colombianos.
 
 
Como he dicho el POLO no es más que una oficina de trámite de intereses electorales de varios sectores de la denominada izquierda que tienen, cada una de ellas,  unas elites inamovibles y poco representativas de los verdaderos intereses populares. Allí suman fuerzas el Moir, el sector de Clara López  y Carlos Romero, el sector de Iván Cepeda (que creo que se dice upeista), y sectores de sindicalistas con intereses muy particulares que entonces aspiran al poder para atender a sus clientelas. Todos estos grupos unidos simplemente  por la necesidad de pasar el umbral  piensan distinto sobre temas centrales y  no tienen cohesión ideológica y solidaridad política más allá del tema simplemente electoral.
 
 
El Polo  es el partido que respaldó a Samuel  Moreno  hasta último momento. Esta oficina de intereses electorales  de Izquierda,   echó a los comunistas cuando sintió que electoralmente ya no eran importantes y porque apoyaron al importante  movimiento Marcha Patriótica y  es el "partido" que no tuvo la altura ética para  comprender lo que significó la resurrección de la UP (el mensaje perenne a los genocidas de que no lo lograron), y decidió competir electoralmente con ella en lugar de buscar unión y acuerdos para el debate parlamentario cuando era importante y no para el presidencial donde ya es políticamente inocuo.
 
 
Por  su parte, la vieja dirigencia de la UP que la retomó, después de abandonarla durante años (no fueron ellos quienes lograron su retorno),  no tuvo, tampoco,  la cordura para entender  lo que significó la resurrección del partido  (el mensaje perenne a los genocidas de que no lo lograron) y decidió participar en las elecciones parlamentarias feriando su personería cuando tenía todos los argumentos para no hacerlo.  Pero lo anterior no es lo más grave, lo increíble es que para participar – lo que en mi criterio no debió hacer –  escogió  la manera más absurda posible para ello, entregándole sus votos al senado al partido verde, a cambio de que aceptaran a Lozano en sus listas, para competir con este mismo partido por las curules a la Cámara de Representantes en algunos departamentos haciendo imposible llegar al umbral que se contabilizaba sobre los votos de todo el territorio nacional. Los resultados obtenidos no podrían ser otros y la masa crítica upeista, que no es bruta, cobro y no voto por Lozano revuelto con  los verdes peñalosistas y no se dejó seducir por listas improvisadas para algunas circunscripciones territoriales, donde fueron derrotadas entre otros rivales por el partido verde, su aliado al Senado.
 
 
Ante tanta insensatez votar por este acuerdo  tardío y eunuco (Polo -UP) es una grosería; es dejar de ser críticos frente a una izquierda que no entendió la importancia del momento y el valor simbólico de la recuperación de la personería jurídica de la UP ante la justicia colombiana (el mensaje perenne a los genocidas de que no lo lograron). Por otra parte,  y para completar el perverso cuadro, votar por el binomio Polo -UP es premiarlos con lo único por lo que realmente competirán en las elecciones presidenciales: el dinero por la reposición de votos. Supongo ya tienen definido en que porcentaje repartirán el botín electoral (este debe ser el  fondo del supuesto acuerdo programático que si fuese cierto se hubiese concretado con imaginación y solidaridad para las elecciones parlamentarias).
 
 
Ante el cierre de los espacios democráticos de  todos  los partidos y de los de izquierda en particular – ya se describieron su  esencia y comportamientos – ¿que hacer? Es ante esta pregunta que surge la posibilidad legal del voto en blanco que implica decir que si nos interesa la política, que si queremos participar, que ninguno de los candidatos y partidos participantes nos representan,  que tenemos mucho que decir y que lo estamos diciendo en las voces de nuestros promotores entre los que destaco Jaime Araujo ( humanista no solo cuando era magistrado constitucional sino  hoy cuando asume las banderas de este no óptimo pero único camino de participación de los excluidos).
 
 
Las propuestas concretas de los promotores del voto en blanco circulan en voces y escritos más autorizados que los míos y a ellos me remito.
 
 
 
Jorge Salcedo