«Genocidio Simbólico: La Estigmatización de los Upeistas»

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Jaritza Merchán Diaz

Interesante la discusión que se plantea, entre lo dicho por una periodista Maria Isabel Ruida, por una  Upeista  NELMA FORERO, por un investigador y por mi amigo  y compañero de causa Jorge  Salcedo Galán.  Siguiendo  lo acontecido  nuevamente debo  reflexionar sobre algunos aspectos que aunque usualmente paso de soslayo, cada vez que me refiero a ciertos temas,no obstante permanecen ahí latentes, porque hablar, investigar, denunciar sobre un genocidio, mientras se sigue  cometiendo el crimen, vaya si lo pone a uno en aprietos vitales, materiales, históricos  y éticos  ¡Hágame el favor!

 

Primero: no sé si por miedo, por acomodamiento o por que las condiciones de producción de pensamiento y conocimiento en una sociedad en guerra, han hecho que la academia se ponga muchas veces en lugares de “fuera”, como sí al igual que otros campos, escenarios, medios y expresiones socio-culturales, no fuera ella misma botín de esa guerra, a la que le buscamos eufemismos, distracciones y remoquetes, para sacárnosla de nuestra propia historia. Para no ir más lejos podríamos apenas mencionar la forma en que fue “desmochada” (el término es usado por Jaume CLARET El atroz desmoche. La destrucción de la universidad española por el franquismo, 1936-1945, Barcelona, Crítica, 2006), pero alude a un sentido específico otorgado por la infamia de la dictadura, nos narra Octavio Ruíz –Manjón que “ Lo del “atroz desmoche” es una expresión de Laín Entralgo en su Descargo de conciencia, el ajuste de cuentas -empezando consigo mismo- que el antiguo falangista ofreció tras la muerte de Franco…En números, ese desmoche significaba, según un oficio del subsecretario de Educación Nacional de diciembre de 1946, que de los 540 catedráticos que había en la universidad española en el escalafón de 1935, 97 estaban separados del servicio. Eran víctimas de la represión franquista entre los docentes universitarios a las que habría que sumar una parte, mucho más difícil de estimar, de los 100 que habían muerto y de los 93 que habían sido jubilados en ese periodo. No parece exagerado suponer que casi un 40 por ciento del profesorado universitario sufrió la depuración que se inició a los pocos meses del inicio de la guerra”.

 

Traigo a colación este episodio de la Historia Reciente (entiéndase como un término historiográfico que alude a los acontecimientos que tienen como hito histórico la Guerra Mundial), porque ante el afán de conservar la “pureza” del conocimiento, el “equilibrio” en la palabra y la “ecuanimidad en el análisis”, a veces quienes pretendemos investigar nos pretendemos neutros, sin poder serlo, porque en el caso colombiano o nos volemos objetivo militar (como los investigadores que pusimos la demanda por la personería jurídica de la UP) o nos volvemos repetidores de conceptos que son errados, sin hacer mayores análisis de la realidad como el seguir insistiendo que la UP ha combinado las formas de lucha o ha sido el brazo político de las FARC, o pretendemos seguir a pie juntitas los paradigmas de esos “oyentes-hablante ideales” de los que nos habla Chomsky en su Gramática Generativa, esos no existen, los hablantes oyentes de una lengua son sociales, los investigadores somos sociales y por ende sujetos histórico-políticos, como lo son por supuesto las víctimas de un genocidio; aunque como los Upeistas muchos estén muertos, desaparecidos, masacrados, exiliados y los vivos, nuevamente estigmatizados y por ende criminalizados; y como también lo son los victimarios y genocidas, aunque no todos puedan distinguirse por haber accionado el gatillo materialmente.

 

Para seguir con el ejemplo de la Universidad Española, nos dice el autor  cuando cita la afirmación de Santiago López, que los profesores que quedaron del desmoche fueron los peores, debiendo su cargo los recién nombrados más a criterios políticos-ideológicos que científicos o académicos. Los criterios por supuesto tienen que ver con quienes hacen lo políticamente correcto, mantienen las buenas formas y conservan una “buena academia”, recordemos el término de “bueno” durante el franquismo: “buena familia”, “buen trabajador”, “buena madre”, “una buena nación”… Esto no lo digo por capricho, sino que podría servirnos como punto de reflexión, a las exigencias del “buen lenguaje” que exigen las “buenas investigaciones”. Cuando en un país como Colombia profesores como Miguel Angel Beltrán, Renán Vega Cantor, estudiosos del conflicto armado colombiano deben exiliarse para no ser asesinados como tantos de sus colegas: Dario Betancur, Eduardo Umaña Mendoza, Francisco Aguilar Madera, Alberto Alzate Patiño, Misael Díaz Urzola, Jaime Pardo Leal (Upeista), o amenazados, perseguidos y hostigados como la profesora Imelda Daza (Upeista) y tant@s y tant@s otr@s, o masacrados en su propio apartamento frente a su pequeño hijo como los investigadores Elsa Alvarado y Mario Calderón, es comprensible que las nuevas generaciones no sepan o no quieran saber el por qué de muchas cosas, porque en un Estado genocida _ sí ese es el nombre, esa es la definición_ aunque parezca dura, lo que se busca es eliminar para aterrorizar; aterrorizar para paralizar; paralizar para olvidar; olvidar para naturalizar; naturalizar para legalizar; y, legalizar para legitimar; por supuesto, lo ilegal y lo ilegitimo.

 

Segundo. Y es tanto ilegal como ilegitimo, seguir aduciendo que la UP es el brazo político de las FARC; que la combinación de las formas de lucha, modelo que jamás ha utilizado la UP es la consecuencia de que se cometa genocidio contra ella _si así fuera tampoco es legal ni legitimo cometer este crimen internacional_, eso sí es reprochable, eso sí desdice de una sociedad que no investiga sobre su propia historia reciente, eso sí es perder la perspectiva de la objetividad. No me referiré el por qué de mi afirmación, lo he hecho en diferentes textos sobre esta temática, la cual he investigado por 18 años, por eso y en consecuencia soy parte en dos demandas presentadas ante el Consejo de Estado por la recuperación de la personería jurídica de la UP , y hago parte de una denuncia penal por el delito de genocidio ante la Fiscalía General de la Nación, esas acciones como ciudadana colombiana las he hecho como consecuencia de la investigación, lo cual no me hace ni mejor, ni peor en mi oficio, pero si me reafirma mi conciencia ética como ser humano.   

 

Tercero: Esa conciencia ética no puede ser leída de manera irresponsable, poco seria y sin ninguna base ni teórica, ni de ninguna otra índole. No soy miembro de las FARC, nunca lo he sido. Mi acción por la personería jurídica de la UP proviene de mi quehacer investigativo, así que aunque parezca quizá no muy refinado, al igual que NELMA FORERO debo decir que, en un país como Colombia en que a los pocos días de que el Ministro Carlos Lemos Simmonds dijera ante los medios de comunicación que la UP era el brazo político de las FARC, asesinaran al segundo candidato presidencial por esta colectividad, es preciso exigirle a los periodistas que sean responsables, respetuosos y precisos con sus palabras, porque una cosa es que den sus opiniones en la sala de su casa y otra que utilicen los medios masivos para estigmatizar y criminalizar, sin tener ninguna prueba para ello, porque de tenerla también es su responsabilidad ponerlo en conocimiento de las autoridades; lo digo porque como ciudadana de una democracia asumo los castigos legales, pero no puedo ser aquiescente con los castigos paraestatales, a los cuales me arriesgan al señalar: entre otras cosas por demandar que como parte de la reparación integral a la UP, se le debe devolver su personería jurídica, les estoy haciendo el camino expedito a las FARC para que hagan política.

 

Cuarto: En ese quehacer investigativo, especialmente en lo referido a historia reciente, la valoración de fuente primaria oral, tiene un valor importantísimo. NELMA es importantísima, su manifestación es importantísima, su vehemencia es importantísima, su sentir es importantísimo. No sé, si aún en las aulas, se hable de la importancia de la investigación acción participativa; la historia del dolor como también es referida la Historia de Tiempo Presente, nos está dando un testimonio de alguien que como Upeista ha vivido, padecido y enfrentado el dolor de un genocidio político, nos lo está narrando en primera persona, ella es Upeista, ella ha sido perseguida, ella conoce su historia, ella sabe de lo que está hablando, ella ha visto y padecido la ausencia de sus dirigentes, compañeros militantes, de sus simpatizantes, decir que no es precisa es un irrespeto a la fuente, desde una mirada pragmática; pero sobre todo es un exabrupto con el testimonio vivo de una historia que nos atañe a todos. Pero si de certificaciones se trata, ella profesora universitaria, de una ciencia exacta, matemáticas, sí que debe ser precisa; no le dará margen a la especulación por eso habla preciso, sin eufemismos, sin las mentirillas de discursos políticamente correctos. Nadie le puede exigir a la victimas las buenas formas de expresar su dolor, nadie les puede exigir a las víctimas las formas correctas de dirigirse a los victimarios. Las víctimas son pensantes, son activamente políticas, son generadoras de conocimientos, investigan sobre la realidad, hacen resistencia activa, porque siguen siendo sujetos políticos, porque son ciudadanos colombianos, porque exigen los derechos que les otorga una democracia, entre ellos el derecho a la rectificación cuando han sido calumniados. Eso debería también entenderlo, investigarlo y analizarlo la academia, que últimamente le ha dado por hacer clasificaciones de dolor, de derechos a participación si tiene tal o cual emblema de víctima, o le atribuye mayor o menor legitimidad a la participación política de los Upeistas.

 

Finalmente,

 

La invitación es a que reflexionemos sobre lo siguiente:

 

1.       Lo expuesto por Daniel Feiersten en Genocidio como práctica social. Entre el nazismo y la experiencia Argentina. Al desarrollar el concepto la construcción de una otredad negativa señala que:

 

“ Este proceso remite a la ruptura inicial, a la marcación del sujeto social a ser exterminado. El poder retoma símbolos y características existentes en el imaginario colectivo, construye nuevos símbolos y mitos, refuerza los prejuicios latentes a fin de construir un sujeto social como negativamente diferente. Intenta delimitar dos campos: los iguales, los sujetos cotidianos, mayoritarios como distintos cualitativamente de otros, de aquellos que no quieren ser como todos, por lo tanto, que no deben ser”. (P.218)

 

2.       Lo referido por Horacio Riquelme en Lo espantoso: efectos psicosociales del terrorismo de estado en América del Sur , a propósito de “la alienación como modus vivendi”:

“…El purismo lingüístico ha sido enarbolado como lema absoluto por el contrito autoinculpado…En un castellano libre de barbarismos, solecismos, vulgarismos, malapropismos, galicismos hace él [refiriéndose a un profesor en su calidad de paciente], relación minuciosa  de cómo fue atraído al implacable “Comando de defensa del Idioma” y de los efectos que ello tuvo en su actividad: Mis clases empezaron a perder el sobrio tono científico que habían querido tener hasta entonces, para convertirse en letanías de dicterios en contra de mis colegas y alumnos que estropeaban nuestro hermosos idioma. …Dejé de frecuentar ciertos amigos cuyo castellano era impropio, descuidado o imperdonablemente impuro y mal sonante…. La fase siguiente a esta pedante vigilancia de la pureza idiomática no se hace esperar y pronto se ve al autor abocado a una protección agresiva del idioma, poniéndose por encima de las reglas de convivencia social para castigar a los infractores, mayoría imponderable por demás en nuestras sociedades tan mal habladas, hasta alcanzar una cierta notoriedad dentro de la organización.” (135)

 

3.       Anne Morelli en Principios elementales en la propaganda de guerra (utilizables en caso de guerra fría, caliente o fría). Nos hace su presentación así:

 

“ Una historiadora insolente o ¿Quién le tiene miedo a Anne Morelli?… Una mujer peligrosa. ¡Qué os parece! Solo porque no quiere permanecer encerrada en las polvorientas bibliotecas ni en los círculos académicos que huelen a naftalina, y porque quiere enseñarnos algo sobre nuestra vida en los tiempos actuales. … [Dice la autora] Como si nada, un profesor de aspecto insignificante, nos explicó en qué condiciones podía uno confiar en un documento o en un testimonio histórico, y como distinguir los falsos y los dudosos . Nos dijo que no porque cien fuentes repitan la misma información ésta debe ser tenida como verdadera. Si, por ejemplo, todas son fuentes indirectas _que en realidad se apoyan en una sola_ y si, por otra parte esa fuente es poco fiable _porque se ha descubierto que no se ajusta a la verdad o tiene intereses en el asunto en cuestión_ entonces estas cien fuentes valen menos que una sola. Menos que ninguna.

Años más tarde, este curso me vino a la memoria y me ha ayudado mucho para poner a prueba la información sobre la guerra del Golfo en mi libro. “¡Ojo con las media!”

¡No me cabe duda de que hay que aplicar este principio científico de la crítica histórica a los media!. ¿Por qué razón no debería someterse a la información de hoy a las mismas exigencias que a los documentos históricos de ayer? Puesto que se verifica la calidad sanitaria de los productos alimenticios, por ejemplo, ¿por qué no hacer lo mismo con la información? Sería de gran utilidad pública que las personas se organizaran para analizar sus medias en temas concretos.” (9)  

 

4.       Fernando Contreras Y Francisco Sierra en Culturas de guerra. Medios de comunicación y violencia simbólica, nos dicen la necesidad de una educación para la comunicación que:

“ La educación para la comunicación se debe fomentar desde la creación de alianzas entre el mundo de la educación, el mundo de los medios, de los sistemas de información y comunicación y de todos aquellos agentes sociales implicados. Es preciso que los ciudadanos accedan a la información que recupere la memoria, fomente la crítica, promueva el debate y consiga que la sociedad despierte de su letargo y reivindique una recuperación de los espacios de libertad perdidos. Se impone más que nunca romper con la desmemoria, denunciar la cesura, optar por la cordura y utilizar los medios s fsvor de una información veraz, un ejercicio activo y creativo de la memoria y de las formas de acceso y participación…” (370)

 

5.       Inés Izagurre Lucha de Clases, Guerra Civil y Genocidio en la Argentina. 1973-1983.Antecedentes. Desarrollo. Complicidades. En la introducción donde habla el problema y la historia de la investigación, nos dice:

 

“Si ignoráramos la trayectoria compleja que recorre la fuerza social revolucionaria, confrontada a un enemigo muy superior, al servicio de una estrategia mundial y local de acumulación del capital, podríamos caer en la ingenuidad de la sorpresa, la misma sorpresa con que otros investigadores encararon el análisis de situaciones de tremenda crueldad y violencia masiva ejercida por unos hombres sobre otros, en otras latitudes y en otros momentos históricos.

Sorpresa contenida en las preguntas ¿Cómo es posible que haya ocurrido ésto? ¿Cómo es posible que los hombres sean capaces de hacer ésto?”(16)

 

6.       Jorge Cardona (cronista) en Días de memoria. Del holocausto del palacio de Justicia al falso sometimiento de Pablo Escobar. Nos narra entre otros hechos los siguientes:

 

6.1. “El tercer candidato en discordia, el ex juez y exmagistrado Jaime Pardo Leal, en representación de la Unión Patriótica, sorprendió por su votación de 328.752 sufragios (4.58% del total) y se afianzó como el líder más sobresaliente del movimiento político surgido de los acuerdos de paz entre el gobierno Betancur y las FARC” (36)

6.2. “La violencia política reciclaba sus odios y en el conflicto armado nadie bajaba sus armas. La única revancha de la Unión Patriótica fue casar una pelea segura con el Ministro de Justicia, José Manuel Arias Carrizosa, a quien acusó de haber incurrido en el delito de contrabando a través de la irregular importación de un Rolls-Royce.” (131)

6.3. “En momentos en que la Nación se mantenía consternada por el curso de los acontecimientos y el sacrificio de Pardo Leal, quedaron sonando como los ecos de una maldición las frases premonitorias de este ilustre líder de izquierda democrática que heredaba el blanco móvil de ser el portavoz de un partido sometido al genocidio: Sé que todos, uno a uno, iremos cayendo entre quienes aspiramos a una patria más justa que a la que nos quieren deparar las fuerzas impositivas y atrabiliarias. Pero ninguna cuota de sangre será exagerada.” (148)

6.4. “Tenso talante de unas conversaciones de paz que desde sus primeros días revelaron una excesiva dificultad para conducirse en términos exitosos. Llegaron tarde a la cita de la Constituyente, y el vocero de las FARC, Iván Márquez, se encargaba de pregonar a diario la razón: El Gobierno nos cerró las puertas al bombardear al Secretariado de las FARC el mismo día en que los colombianos se prestaban a elegir a los constituyentes.”

 

Colofón: las dos caras de un genocidio (el  eliminador y el resistente)

 

Durante la Segunda Guerra  Mundial, la propaganda política manejada por el régimen, entre otros aspectos se sustentaba  en la violencia  psíquica que pudiera producir al adversario, y al convencimiento al que pudiera conducir a las masas bajo el lema de  Goebbels “ La política de las noticias, es un arma de guerra, su propósito es el de hacer la guerra y no el de dar informaciones” (cita hecha por Sara Bibiana  Rosas en su monografía Hitler y la propaganda en la Segunda Guerra Mundial. Externado de Colombia, Facultad comunicación Social, 1990, p. 228)

 

En 1985 Juvenal Herrera Aventó sus coplas y define a una colectividad  que es víctima de genocidio político desde las balas, desde la juricidad, desde la criminalización, desde la desinformación, desde la desmemoria,   aunque siempre se ha definido, sido y accionado en paz, desde la paz y para la paz.

 

La  Unión Patriótica  es paz,

Pueblo altivo y luchador,

 Nada y nadie detendrá

Nuestro paso redentor.

 

Atrás quedará la infamia,

La oligarquía despótica.

¡El futuro es de nosotros

Que viva la Unión Patriótica!

La Unión  Patriótica tiene

Manos fraternas y amigas

Entre los hijos de Túpac

Y los que siguen a Artigas.

 

Con el niño, con el negro,

Con la mujer, con el indio,

Con el más desamparado,

Con el pueblo siempre altivo.

 

Ya canté con voz entera

Y ya mi voz he callado

Para escuchar el futuro

Que viene desde el pasado

 

 

Sin más y esperando contribuir en algo a la discusión,