¿Cuál es el motivo principal de la aventura de Ankara en el Mediterráneo?

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Después de la Primera Guerra Mundial, Europa, liderada por Gran Bretaña, trazó las fronteras de Turquía de tal manera que el país, a pesar de mantener cientos de miles de kilómetros de mar abierto perdieron influencia en el Mar Egeo y el Mediterráneo, lo que provocó que surjan tensiones entre Turquía y Grecia.

Basta mirar el mapa para darse cuenta de que las fronteras de agua griegas son como una barrera para Turquía; en el Mar Egeo, las islas cercanas al continente de Turquía pertenecen a Grecia y los turcos están originalmente sitiados en sus costas y solo pueden beneficiarse del Golfo de Antalya. Sin embargo, las islas del Egeo no son el objetivo puntual de Turquía.

Ankara quiere jugar un papel clave estratégicamente en el Mediterráneo y es por eso que en 1974 Turquía invadió el norte de Chipre y ocupó el 37 por ciento de la isla. En la actualidad el problema no se resolvió, ya que la República Turca de Chipre a pesar de ser reconocida por la Organización de la Cooperación Islámica (compuesta por 57 países y 6 observadores, dentro de los que se encuentra Venezuela), no lo es por la Onu, quién reconoce la soberanía de toda la isla.

A pesar de ello, Chipre no es el único tema que le interesa a Erdogan, que aún continúa aventurándose en Siria, y teniendo un papel bastante polémico jugando a dos puntas en Idleb, lo cual le produce desacuerdos con sus aliados Irán y Rusia. Ahora también se incorporó al conflicto Armenia y Azerbaiyán, no sólo apoyando a éste último, sino también aportando las fuerzas terroristas aliadas de Idleb al conflicto, lo cual complejiza aún más la situación.

Pero, básicamente, el interés del país otomano es mantener su poderío energético, teniendo en cuenta que la familia de Erdogan cuenta con lazos muy profundos con la industria energética y durante su gestión consiguió grandes acuerdos con distintos países como Rusia con quien inauguró el gasoducto Turk Stream.

Por su parte, también tiene intereses con Azerbaiyán y Georgia en el oleoducto Bakú, Tiflis, Ceyhan también conocido como oleoducto CTC que conecta el Mar Caspio con el Mediterraneo y transporta 1 millón de barriles diarios.
A su vez, Turquía siempre anheló pertenecer a la Unión Europea, pero lo único que consiguió es ser miembro del Consejo europeo, y las conversaciones para su adhesión a la UE se vieron truncas en febrero de 2019, después de que se lo acusara de violar los Derechos Humanos en 2017.

Además, Erdogan está siendo amenazado por Estados Unidos, por su decisión de aliarse con Rusia y mantenerse cerca de Irán. Recordemos que tras el intento de golpe de estado en 2016, Erdogan fue asilado políticamente por Teherán, después de que se Alemania negara hacerlo, lo cual fue el indicio concreto de una nueva relación con el país persa.

Pero, Turquía se destaca por su pragmatismo y no sería raro que ante su posibilidad de perder poder termine dándose vuelta y cambie de bando, traicionando a sus aliados en nombre del pueblo turco aunque por el momento tiene mucho que perder.

El sionismo en el Mediterráneo oriental

Turquía quiere lograr influencia en el Mediterráneo, ya que esto, además de otorgarle una gran riqueza petrolera, lo convertiría en la puerta de entrada de la energía entre Europa y Asia, algo que viene logrando lentamente. Mientras tanto, ni Egipto ni Grecia son un problema para Turquía, ya que Erdogan debe afrontar un desafío mayor: Israel, que de ninguna manera quiere perder su oportunidad en el Mediterráneo oriental.

Cabe destacar que cuando se conoció la presencia de las reservas en la zona, Israel se apuró a firmar un acuerdo con Grecia y Egipto para explotar la zona, dejando a Turquía por fuera.

Erdogan piensa que la amenaza griega, así como la intervención en Libia, presionaran a Occidente para obligar a Tel Aviv a reconocer el poder de Turquía como un actor importante en el Mediterráneo ya que consiguió la mitad de su éxito en Libia y, a pesar del error en Siria, pudo sacar a los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita de gran parte de Libia y firmó un acuerdo con Rusia.

Entonces, su desafío no es con Grecia, sino con Israel, el satélite de Estados Unidos, que por su relación simbiótica no presionará a Tel Aviv, salvo que Turquía ofrezca algo que le interese a Estados Unidos.

El cambio estratégico de Turquía de este a oeste

Hasta hace dos décadas, Estados Unidos y Gran Bretaña intentaron fortalecer la idea del neo-otomanismo en Turquía, como una amenaza estratégica para Irán, Rusia y las tensiones en Irak y Siria. Pero en la actualidad, Ankara cambió de estrategia para salir del impasse estratégico frente a Europa y Estados Unidos.

Los turcos son muy conscientes de esto, y si bien cuentan con lazos de cooperación con Irán y Rusia, han evitado la política equivocada de comprometerse cien por ciento con ellos, centrando su presión en Europa.

Los recursos energéticos del Mediterráneo oriental y un acuerdo con el gobierno de Trípoli en Libia son la mejor oportunidad para que Turquía salga del aislamiento geoestratégico compitiendo con Tel Aviv y Atenas en nombre de Europa y Estados Unidos.

Si Ankara transfiere por completo a los terroristas armados de Idlib y Alepo (abandonando Siria) hacia Libia concentraría sus fuerzas en el Mediterráneo oriental y lograría ejercer presión sobre Europa a través de Grecia.

Pero el apoyar la resistencia palestina en un enfrentamiento con Israel en Gaza, puede ser una advertencia seria a Tel Aviv de que Turquía puede lograr sus objetivos y, como contraparte, si evitara enfrentar al régimen sionista como en el pasado, también perderá sus intereses. Por ese motivo, Turquía mantiene el apoyo a la resistencia palestina que necesita apoyo del poderío militar turco.