«A más ira, más nube en los ojos»

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Consternada la opinión pública colombiana por la seguidilla de aborrecibles masacres de jóvenes indefensos en todo el país que superan la táctica del “gota a gota” del fusilamiento diario y continuo de líderes sociales y ex guerrilleros reinsertados, lo que constituye un paso calculado más, en la calidad del terror del Estado con el que se pretende destruir el tejido social y la resistencia secular del pueblo colombiano a la violencia ejercida por el Poder de turno de la clase contrainsurgente dominante; entonces se anuncia, así, con el mismo cinismo mediático de siempre pero embozados con mascarillas antivirus, que FORMALMENTE está en marcha un nuevo Plan Colombia (no sabemos desde cuándo se viene implementando clandestinamente) semejante al de Pastrana / Uribe 1.999 pero actualizado y diferente:

https://www.elespectador.com/noticias/politica/colombia-crece-el-nuevo-plan-colombia-que-anuncio-ivan-duque-y-mision-trump/

Son cinco mil millones de US dollars en forma de préstamo, para que empresas estadounidense o colombo-estadounidenses aprovechen los US Fondos Federales e inviertan en “seguridad y desarrollo” en regiones de interés “especial” en Colombia, especialmente en las fronteras, donde el atraso y la incomunicación, la miseria, la violencia oficial -narco para-oficial han obligado a la población a buscar en el cultivo de la coca una actividad no de riqueza sino de subsistencia. En breve: re-financiamiento a la contrainsurgencia tradicional en el marco de la “War on Drugs” (guerra contra las drogas) en la cual está empeñado el gobierno de los EEUU en la región y que al parecer sus fondos ya no alcanzan para cubrir el desastre generalizado, la podredumbre y la corrupción militar y gubernamental del régimen.

La noticia al parecer apenas rozó la opinión pública colombiana. Algunos voceros de la “izquierda institucional” volvieron a resaltar las mismas observaciones de siempre sobre la ineficacia y el fracaso prolongado de la tal lucha antinarcóticos, con su agenda oculta de servir de plataforma financiera al ataque contra el gobierno venezolano: Pero el grueso de la opinión pública colombiana desorientada y desinformada por el venal y corrupto aparato mediático adicto al régimen contrainsurgente, ha sido perversamente “re direccionada” hacia el “asunto Uribe Vélez”, el que va en vías de a convertirse en otro culebrón novelesco de un proceso judicial kafkiano, eteno e impune (sin resultados) como los que caracterizan los juicios santanderistas y rabulescos con los que la clase dominante colombiana ha esquivado sus crímenes de guerra contrainsurgente, los que por ejemplo, no aparecen en este proceso por el cual se ha recluido cómodamente a Uribe Vélez en su extenso y ubérrimo latifundio costeño.

En este contexto de cerrazón para el pueblo trabajador, “túnel sin luz al final”, aparece un refrescante y crítico artículo del filósofo comunista Sergio de Zubiría Samper en la revista Izquierda, sobre la desestructuración de las izquierdas institucionales que bien vale leer detenidamente y tener presente.

https://revistaizquierda.com/secciones/Numero-88-agosto-2020/izq-rev-88-izquierda-en-debate-desestructuracion-de-las-izquierdas-institucionales-i

Aún recuerdo aquella reunión al inicio de la década de los 70 del siglo pasado, cuando inmersos en aquel auge del formidable movimiento de masas estudiantil y universitario por la democracia y la educación pública en Colombia, nos reunimos en una lujosa casa de los altos de chapinero de Bogotá con un grupo selecto de jóvenes simpatizantes de la Juventud Comunista, que querían conocer a fondo más sobre los planteamientos teóricos y prácticos de dicha organización y donde se destacaba Sergio. Poco después compartí con él en la Universidad INCCA de Bogotá, varios años de trabajo universitario académico y organizativo profesoral y de solidaridad con el pueblo chileno masacrado por el fascismo de Pinochet y con sus exiliados llegados a Colombia. Después de tantos años incluso de seguir sus escritos en el periódico Voz, su ánimo crítico, independiente y profundo sigue igual, aportando luces a la lucha por la emancipación de los trabajadores colombianos.

Unos de los puntos más difíciles de discusión que ha recorrido a la izquierda colombiana de arriba abajo y de ayer a hoy, tal vez por su singularidad, es el de la tesis leninista sobre la utilización de todas las formas de lucha de masas, que debe utilizar el pueblo trabajador en su larga lucha por su emancipación. Emancipación de la explotación humana, tal como la entienden Marx y Engels en su obra y que ha llevado a la izquierda colombiana a separarse en dos, como Sergio anota: “La izquierda institucional” con el que titula su artículo y que necesariamente remite a una “Izquierda NO institucional” que no porque sea clandestina deja de existir en el país.

El punto de ruptura entre estas dos izquierdas (en mi modesta opinión) surge cuando al calor de la guerra fría estadounidense iniciada en 1945 al finalizar la segunda guerra mundial contra los comunistas de todas las denominaciones, en Colombia, por múltiples factores y circunstancias concretas muy difíciles de reproducir en este escrito, se reemplazó uno, la categoría marxista de “emancipación” proletaria por la liberación nacional y la toma del Poder, y dos, se redujo ese remplazo de manera bastante artificiosa e idealista de la “utilización de todas las formas de lucha de masas”, por una “combinación de todas las formas de lucha” donde no aparecían las masas, como vía de tomar ese Poder ostentado por la violenta oligarquía bipartidista mantenida por el Imperialismo estadounidense victorioso.

De ahí salieron las dos izquierdas irreconciliables casi incompatibles en Colombia: Una institucional que reclamaba su destino de partido de masas a la manera eurocomunista en moda, y otra, No institucional, clandestina, limitada, cerrada de revolucionarios profesionales y armados que pasó de la pequeña resistencia campesina armada que le dio origen, a trazar un plan de guerra para la toma de aquel Poder, y cuya combinación entre ambas no podía ir más alla de un apoyo retorico, pues conocida esta estrategia por los ideólogos del régimen y de la contrainsurgencia, esta se convirtió en el foco principal y estratégico del ataque: impedir a como diera lugar, incluso con el genocidio, a que esa “combinación” entre lo Institucional y lo clandestino pudiera darse aún en la palabra, ya no digamos a funcionar organizadamente. En esas estamos hoy después de más de 50 años de debates, muertes y genocidios: Dos caminos paralelos, como si fueran rieles de un ferrocarril, que evolucionaron con argumentos y prácticas distintas, muy difíciles de juntar o unir en la realidad, bajo la misma consigna enarbolada por ambos rieles: la Unidad Popular al Poder.

Compartimos completamente (además de los elementos históricos externos que viene con toda la tradición marxista que él menciona) las tres fallas de la des estructuración Izquierda institucional que anota Sergio en su artículo como elementos centrales : a) la indeterminación de la categoría izquierda derecha y centro, b) la ausencia de teorización sobre la crisis de la política, las teorías de la democracia y la orfandad estratégica, c) el abandono de la teorización sobre el Poder y el Estado, que ha producido consecuencias devastadoras en la comprensión de las interrelaciones entre reforma social y revolución socialista. (página 88)

Pero, bien vale incluir en este rico recuento otros aspectos que han contribuido o contribuyen a tal des estructuración: 1. El abandono del serio y objetivo análisis geoestratégico concreto con el que Lenin apoyó siempre su rica teoría del Imperialismo. 2) el abandono y reemplazo por una jerigonza post moderna de la concepción dialéctica del movimiento objetivo de la sociedad y de la Historia, en especial de la Historia de Colombia donde la tradición marxista tiene mucho que decir y mostrar en esta lucha de ideas; reemplazada por los múltiples y numerosos estudios fraccionados de caso excretados por esas fábricas de revisionismo histórico como son las facultades de Historia de todas esas universidades privadas de garaje creadas por la contrainsurgencia en los últimos años . 3) la carencia de una fuerte base teórica Ecológica dejada a los teóricos reformista y socialdemócratas verdes o veganos. 4) Las concesiones oportunistas a los movimientos de género y etnia que pretenden sustituir la bandera roja proletaria y el concepto de clase por la del arco iris de la muchedumbre, cuando precisamente es el marxismo que siempre ha reivindicado la gran diferencia existente entre explotación (al trabajador) y opresión (a la mujer, a las etnias y minorías nacionales y a la diversidad sexual). 5) Por último, en las actuales condiciones de la lucha de clases en Colombia tan fragmentada y diversa, la evitación que se ha hecho a una discusión franca y abierta al concepto de “vanguardia colectiva de la lucha por la emancipación propuesto por la insurgencia revolucionaria.