COLOMBIA HACIA OTRO "GUADALUPE AÑOS SIN CUENTA

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Por Carlos Richetti 
 
A 61 años del crimen de Guadalupe Salcedo; ¿preanuncio de una masacre que se viene?
 
La imagen de Guadalupe Salcedo trae la retrospectiva de una época en la cual ser guerrillero, era sinónimo de pretender salvar la vida, defender la de los miembros de la comunidad propia, de ser un combatiente por la libertad, muy distinto a los rasgos que adquiriría la insurgencia después, marcada por el estigma del narcotráfico y para muchos, el evidente abandono de los ideales emancipadores a nombre de la ambición o el interés personal.
 
Este araucano prestigioso entre los suyos y genuino exponente de una raza de proverbial sencillez, pero donde sobraba decisión para enfrentar la injusticia, casi podría decirse irradiaba superioridad con sólo mirarlo a los ojos, como al ser superior hecho carne y hueso, capaz de direccionar la masa hacia caminos conducentes tanto de pan, como de libertad.
 
Sin embargo la herramienta, el motor financiero que impulsaba a este hombre producto del corazón mismo del llano, provenía de hacendados liberales, quienes temerosos de perder sus privilegios a manos de la violencia conservadora, planearon armar a sectores sensibles de la comunidad.
 
Por supuesto, concluida la "amenaza goda" en 1953, tras el golpe de estado del General Gustavo Rojas Pinilla, esta carencia de ideales se cobraría su precio al despojar a Salcedo de los insumos básicos para continuar una insurrección campesina que lejos de poseer los rasgos ideológicos de la izquierda política o revolucionaria que vendría después, según algunos historiadores, de haberse prolongado indefinidamente hubiera obtenido el triunfo de las reivindicaciones campesinas al poner incluso en jaque a su músculo financiero.
 
Sentado el precedente de la lucha armada que marcaría la vida de los colombianos durante setenta años ininterrumpidos, la guerrilla de los Llano no vio más alternativa a la de acogerse a la desmovilización promovida desde la dictadura militar, con el desenlace por todos conocido.
 
A pesar de no constituir un riesgo por sí sólo, el mismo subdesarrollo reaccionario de un sistema que lo precipitó a alzarse en armas contra el Estado, consideró necesaria la eliminación física del referente, como parte de su dinámica distorsionada de hacer política, cuando en confusas circunstancias Salcedo fue ultimado cuatro años más tarde junto a unos amigos, tras ser obligado por la Policía a salir de una taberna en Bogotá donde se encontraba bebiendo. Se identificó, levantó las manos a sabiendas del asesinato de otros líderes, aunque la suerte para él haya estado echada de antemano a nombre de las venganzas del establecimiento, deseoso de "marcar la cancha", disciplinando a la sociedad.
 
Paralelismo 
 
En la actualidad, Guadalupe Salcedo, sus ideales, reivindicaciones, simbolizan la búsqueda de la libertad, de los derechos cualitativos de cientos de colombianos que comienzan a partir de la consecución de una paz, sin la cual nada de lo demás puede ser posible.
 
Como una suerte de recreación de los tiempos del alzamiento llanero, es posible reconocer en el ejemplo de de aquellos hacendados, carentes de ideología pero celosos de proteger sus intereses, la figura de quienes hoy, sin otro interés al pecuniario, una vez pasado el peligro en lugar de defender esa paz tan necesaria, se pasan al bando de la corrupción para no perder sus prebendas.
 
No vaya a ocurrir como ayer, cuando estos hechos fueran determinantes para el retorno a la guerra, cuando la paz ya no le garantiza a la clase dirigente vendida al mejor postor la continuidad del saqueo a partir de los negocios inescrupulosos desde el Gobierno o las maquinarias operando inescrupulosamente al interior de un Estado Colombiano al cual están empeñados en vaciar.
 
De concretarse, el panorama no puede ser menos alentador si se tiene la certeza de elecciones amañadas, marcadas a fuego a partir de la manipulación mediática, la compra de los votos, el solapado accionar de las maquinarias corruptas o mafiosas, el engaño a la ciudadanía, el fraude instalado en complicidad con la actual administración y la Registraduría.
 
Todo esto, con el fin de montar un nuevo gobierno ilegítimo de talante guerrerista, asesino, así como ladrón, que considere imprescindible disciplinar mediante la represión, erradicar a través del magnicidio, de la masacre, a los elementos sociales comprometidos con la lucha por la paz, las reivindicaciones legítimas, la libertad y la democracia verdadera en Colombia, igual a lo hecho en los días de Guadalupe Salcedo.
 
Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI
 
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