LA UNIDAD DE LOS COMUNISTAS ES EL FARO LUMINOSO DE LA DEMOCRACIA

Valora este artículo
(1 Voto)
"La necesaria unidad de los Comunistas pasa por superar censuras al pensamiento de las bases comunistas y populares, y entender también que la historia nuestra es la real de los pueblos y nó la de los vencedores ni de las efímeras, ya estandarizadas y pragmáticas, corruptas e impuestas direcciones ya infortunadamente encarnadas dentro del Régimen político dominante"  Athemay Sterling Acosta
 
=================================
 
¡ LAS VOCES COMUNISTAS DE LAS BASES Y LAS REGIONES ¡ 
Sergio De Zubiría Samper
 
A dos meses de la realización del XXII Congreso del PCC y luego del nacimiento del Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, las voces severas de la militancia de base exigen ser escuchadas. Como siempre en nuestra historia profunda los territorios y la potencia plebeya convergen para exhortar a la claridad de propósitos, la prioridad de lo colectivo y el ejemplo ético. Vivimos tiempos que no pueden cohonestar con la anemia teórica, el predominio de los intereses personales y el pragmatismo. 
 
En nuestros recorridos por los territorios son múltiples los ecos de estas demandas profundas. Son ricos y diversos los aprendizajes que emergen de las vivencias y conversaciones con los militantes de base. Hemos escuchado honestos consejos sobre la reconducción de las luchas populares, hasta denuncias demoledoras sobre el patógeno centralismo que pervive en la izquierda. Reconocemos, a cada paso, alentadores ejemplos de vidas dedicadas éticamente a transformar la sociedad y críticas demoledoras al burocratismo que corroe a la izquierda institucional. 
 
Parece como si las frases iniciales de la Divina Comedia, tan admirada por Marx, se convirtieran en el suelo común de este país de regiones, que es Colombia: “Nel mezzo del cammin… En medio del camino de nuestra vida me encontré por la selva oscura, porque la recta vía era perdida ¡Ay, cuán dura es esta selva salvaje, áspera y fuerte, cuyo recuerdo renueva el miedo ¡”. 
 
Los últimos meses han sido difíciles para repotenciar el proyecto revolucionario de nuestros heroicos pueblos; cuán duros han sido estos días para el pensamiento negativo. Algunos evocan la necesidad de “empezar de nuevo”, otros de “construir sobre lo construido” y hasta algunos llaman resignados a “adaptarse al orden social dominante”. Que intrincado resulta perseverar en la actitud crítica para los sectores y bloques minoritarios en los partidos y organizaciones políticas. 
 
Dimensiones y Ámbitos de la Crítica 
 
Las tradiciones filosóficas inspiradas en Marx, Engels y Lenin han cultivado con esmero el fomento del pensamiento y la actitud crítica. Podemos sostener que de las tres vertientes de la filosofía contemporánea que actualmente se autodefinen como “críticas” (Popper; Foucault; Marxismos), la heredera de este conjunto de revolucionarios mantiene plena vigencia. Desde sus textos juveniles, la noción de crítica acompaña sus títulos. Basta evocar, La contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1844), o la primera obra colectiva de los alemanes, La Sagrada Familia o de la crítica de la crítica crítica (1844). Como también la decisión de incluir como subtítulo a El Capital (1867), la intención de una “Crítica de la economía política”.
 
Recuperando el invaluable legado de Kant y Hegel, la categoría de crítica exige la plena conciencia de los límites de las facultades humanas, el necesario “uso público de la razón” (obligación de publicar siempre nuestros disensos y diferencias) y el papel de las contradicciones como motores de todo movimiento real. El pensamiento crítico revolucionario introduce ciertos matices y acentos. Algunos son los siguientes: situar las contradicciones en relaciones históricas de poder; destacar cómo toda crítica debe ser radical al ir a la raíz de los problemas verdaderamente humanos; recuperar los intereses emancipatorios de la humanidad; al mismo tiempo debe ser crítica teórica y a las prácticas sociales concretas; apropiar la teoría concreta por las masas para convertirla en poder material transformador; develar las formas de explotación, enajenación, injusticia y sujeción; rechazar el orden social capitalista hacia un nuevo orden no capitalista; cuestionar todas las formas de gobierno de los seres humanos actuales. 
 
Rememorar las profundas reflexiones de Paulo Freire, en el prólogo, a La Pedagogía del Oprimido (1967), sobre las dificultades de la concientización crítica y las nítidas diferencias entre el sectario de izquierda y el revolucionario radical. La sectarización es un “miedo a la libertad”, un encerramiento en “círculos de seguridad”, un encapsulamiento en su “propia verdad” y una sensación que ya se es dueño pleno del tiempo. En términos del pedagogo: “La sectarización es siempre castradora, por el fanatismo de que se nutre. 
La radicalización es siempre creadora, por la criticidad que la alimenta… El radical, comprometido con la liberación de los hombres, no se deja aprisionar en “círculos de seguridad”, en los cuales aprisione también la realidad…No teme enfrentar, no teme oír, no teme el develamiento del mundo. No teme el encuentro con el pueblo. No teme el diálogo con él, del que resulta el creciente saber de ambos. No se siente dueño del tiempo, ni dueño de los hombres, ni liberador de los oprimidos. Con ellos se compromete, dentro del tiempo, para luchar con ellos. Si la sectarización, como afirmamos, es propia del reaccionario, la radicalización es lo propio del revolucionario”. El sectarismo de izquierda configura caracteres de seres humanos que sufren de “falta de duda”. 
 
El cuidado de los ámbitos de la crítica implica gran esmero en nunca negar las discrepancias, los matices y las diferencias en un diálogo crítico, en buscar, descubrir y actualizar los disensos potenciales, como también en tratar de alentar el disenso allí donde aparentemente no existe, porque sin esto cualquier consenso sería superfluo o artificial, o un indicativo de simple temor a la “autoridad” institucionalizada.
 
La utilización de la prensa revolucionaria y del género epistolar para el ejercicio de la crítica hacen parte de la tradición emancipatoria. Son impensables las vidas y obras de los revolucionarios evocados sin su intensa participación en cientos de debates públicos abiertos y miles de profundas cartas personales. Nunca la crítica se reservó para núcleos de “iluminados”, para la nomenclatura del partido o la ceguera del fanatismo privado. Las polémicas desatadas por Marx y Engels en la Gaceta Renana, Los Anales Franco-Alemanes, Vorwarts (“Adelante”), constituyen ejemplos paradigmáticos de profundidad teórica, refinamiento en el estilo literario y crudeza con los adversarios. En sus palabras: “la crítica no es una pasión de la cabeza sino la cabeza de la pasión. No es el bisturí anatómico, sino un arma. Su objeto es el enemigo al que no quiere refutar sino destruir”. Sus fraternales disputas teóricas con Bauer, Stirner, Feuerbach, Duhring, Lassalle, Bakunin, son muestras palpables de la potencia crítica entre los revolucionarios.
 
La carta a Bracke que acompaña las glosas críticas al programa de Gotha es la cumbre de este género de crítica rigurosa y pública.
 
En palabras del filósofo de Tréveris: “Tengo el deber de no reconocer ni siquiera mediante un silencio diplomático, un programa que es, en mi convicción, absolutamente inadmisible y desmoralizador para el Partido”. 
 
Los compromisos de Lenin con la publicación de sus principios y criterios fueron compañeros de su tránsito por la vida. No existe ningún momento de su breve existencia que no esté en tareas de publicaciones, periodismo y debates. Parte de las dificultades en la comprensión de sus textos son las múltiples referencias a la prensa y publicaciones clandestinas que leía y fomentaba con decisión. Iskra (“La chispa”) y Zaria (“La Aurora”) son sus obsesiones vitales. Con determinación moral lo afirma en el ¿Qué Hacer? (1902): “debemos orientar nuestra atención principal a elevar a los obreros al nivel de los revolucionarios y no descender indefectiblemente nosotros mismos al nivel de la “masa obrera”, como quieren los “economistas”, e indefectiblemente al nivel del “obrero medio”, como quiere Svoboda (“La libertad” publicación hecha en Suiza). Nada más lejos de mí que el propósito de negar la necesidad de publicaciones de divulgación para los obreros y de otras publicaciones de más divulgación aún (pero, claro está, no vulgares) para los obreros más atrasados”. Pero es su Carta-Testamento (1922/24) el ejercicio mejor logrado de una crítica anticipatoria; bastan tan solo unas frases: “el camarada Stalin, llegado a Secretario General, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro de que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia”. 
 
Vivir en la Teoría y en la Crítica 
 
Los sectores críticos y las bases hemos convocado a un gran debate público sobre la crisis ideológica y ética que experimenta el proyecto estratégico comunista. Nos inquieta la inercia, la evasión e indolencia con que han respondido los sectores mayoritarios de la Dirección Ejecutiva del PCC a este llamado. Parece como si la única respuesta fuera la Carta Política de septiembre de 2017, en la cuál de manera telegráfica se postula un “balance general positivo” del momento político y se plantea como “rasgo principal de la coyuntura nacional”, que nos encontramos en “vía hacia los cambios democráticos”. La vigencia de un partido comunista, como plantea la Carta Política, se deriva acaso de “que acumula fuerzas en el proceso de democratización de la vida nacional hacia los cambios avanzados en perspectiva al socialismo”.
 
 
Estamos convencidos que los grandes problemas teórico-políticos y éticos siguen sin tematizar, pero también ya se podría insinuar la existencia de una decisión intencional para evitarlo. Tal vez, para el sector mayoritario de la dirección es más atractivo el control burocrático del aparato y sus finanzas, que la elaboración reflexiva del proyecto estratégico de los y las comunistas, para retomar la iniciativa política en la lucha popular. Profundos interrogantes inquietan a las bases ante el silencio cómplice de la paquidérmica nomenclatura: ¿Cuál es nuestra teoría de las relaciones de poder y su aplicación para el momento político? ¿Nos diferenciamos de la democracia dominante y qué teorías de la democracia están en disputa? ¿Somos un partido de las reformas democráticas o de la revolución? ¿El “proyecto democrático nacional” y la “apertura democrática” son las tareas centrales de la época? ¿Tenemos una visión etapista y gradualista de la construcción del socialismo? ¿Qué es una transición política y cómo se relaciona con un “gobierno de transición”? ¿Si vamos actualmente en el camino correcto para construir la unidad de los revolucionarios y del pueblo? ¿Es correcto ética y políticamente declarar al PCC una víctima del conflicto de acuerdo con la legalidad burguesa existente? ¿Existe una profunda crisis ética en las prácticas cotidianas de los y las comunistas? 
 
Los límites de este escrito no posibilitan aludir con profundidad a cada una de estas relevantes preguntas, pero por lo menos, tenemos que empezar. Tal vez, por ello, la obra de Lenin, ¿Qué hacer?, es la continuación de su escrito de 1901, ¿Por dónde empezar? Habría que empezar por un tríptico teórico en el horizonte de una ética revolucionaria: Poder, Democracia socialista, Reforma y Revolución. 
 
Relaciones de poder y dualidad de poderes. La cuestión central de toda acción revolucionaria, como de toda “reforma no reformista” (Luxemburgo), es la transformación de las relaciones de poder existentes, la instauración de un nuevo poder. En la obra de Marx y sus continuadores, la acción política por el control del poder del Estado siempre será determinante, pero el orden estatal es sólo uno de los componentes en la institucionalización del poder de una clase sobre el resto de la sociedad, ya que existen múltiples relaciones de poder económico, social, ideológico y cultural que refuerzan ese dominio de clase. El poder del Estado siempre es una mezcla específica de violencia institucional, ordenamiento jurídico, manipulación cultural y legitimación ideológica, dentro de un campo de relaciones de fuerzas variables. Los mecanismos involucrados en el ejercicio del poder incluyen tanto la coerción directa como la producción de persuasión, consenso y convicción. La noción de “hegemonía”, utilizada por Lenin y Gramsci, describe como los mecanismos involucrados en el ejercicio del poder necesitan tanto la coerción directa como la producción de persuasión y convencimiento. 
 
Por tanto, toda transformación revolucionaria exige modificaciones estructurales de las relaciones de fuerza en el poder del Estado, como también en todos los demás órdenes de la vida social.
 
Por ello, Álvaro Vázquez, recuperando los aportes de Gramsci, señala: “a la doble táctica de la burguesía (coacción y hegemonía) los trabajadores deben responder con una doble táctica: lucha directa de masas y lucha ideológica y política”.
 
Es Lenin quien desarrolla la concepción de la “dualidad de poderes”, un asunto no estudiado con suficiente profundidad y central para la distinción con el reformismo y la socialdemocracia. El dirigente bolchevique llega a afirmar: “Nadie pensaba ni podía pensar antes en la dualidad de poderes… Este Poder es un poder del mismo tipo que la Comuna de París de 1871”.
 
Junto al Estado y el gobierno de la burguesía se forma otro tipo de poder y de gobierno; en la experiencia concreta de la revolución rusa son los “Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados”.
Los rasgos de ese nuevo poder son el embrión del socialismo, un poder “completamente diferente del de la república parlamentaria democrático-burguesa”: a. Predominio directo del proletariado y los campesinos; b. Un poder que se apoya en la iniciativa directa de las masas populares y no en la ley promulgada por el Poder centralizado del Estado; c. La fuente del Poder no está en una ley, previamente discutida y aprobada por el Parlamento, sino en la iniciativa directa desde abajo y en cada lugar, en la “toma” directa del Poder; d. El orden público lo guardan los mismos obreros y campesinos; e. Los funcionarios y la burocracia estatal son sustituidos por el Poder directo del pueblo. 
 
La concepción de la dualidad de poderes constituye una crítica radical a toda ficción parlamentarista, electorera, estadocéntrica o institucionalista.
Ninguna transformación revolucionaria puede limitarse a los estrechos límites del edificio de orden social dominante; se trata tanto de disputar el Poder del Estado como consolidar al mismo tiempo un nuevo poder directo, “desde abajo y en cada lugar”, más allá de la república parlamentaria democrático-burguesa.
 
Los procesos constituyentes revolucionarios siempre otorgan al nuevo poder desde abajo una dimensión central.
Democracia socialista. Desde esta concepción de dualidad de poderes, no se trata de una especie de “democracia por etapas”, donde primero se llega a la fase de la “democracia formal burguesa” y una vez se acumule mayor “democracia burguesa” nos preparamos ahora en perspectiva de largo plazo para llegar un día lejano a la “democracia socialista”.
 
 
Algunos imaginarios de “apertura democrática” adolecen de esta limitación “gradualista”; porque en estos no se trata de “otra democracia” o una “democracia socialista” o “democracia subversiva”, sino de abrir o expandir un poco y por etapas, la “democracia existente”.
 
Respondemos con un no categórico a esa visión gradualista que culmina imponiendo la democracia liberal y capitalista como la única posible. Ya sabemos que una concepción estandarizada de “democracia” es sólo una forma colonialista de dominación; parafraseando a Marx, “el nombre de la democracia se pueden cometer los peores crímenes contra la humanidad”. 
 
La existencia de la dualidad de poderes nos permite pensar y comprender cómo hoy, ahora y en todo este continente plebeyo de Nuestra América están emergiendo formas democráticas anti-capitalistas, autogestionarias y territoriales. Ese nuevo poder embrionario y dual es también experiencias de democracia más allá de las ecuménicas reconocidas por la academia, tales como la “gobernable”, “institucionalista”, “elitista”, “deliberativa”, “participativa”, “directa”, “radical”, etc. Pero ante todo una crítica demoledora al capitalismo porque ninguna sociedad puede ser democrática y capitalista al mismo tiempo. Al calor de las luchas populares urbanas, de género, ecológicas, antiautoritarias, anti-institucionales, anti-racistas, territoriales, etc., en América Latina y el Caribe, están naciendo formas democráticas inéditas. 
 
Reforma y Revolución. Desde la obra cumbre de Rosa Luxemburgo sobre el tema, Reforma o Revolución (1900), el debate contra el reformismo y la socialdemocracia recupera argumentos de esta mártir de la revolución alemana. Los “reformistas” siempre cabalgan en un velado desprecio por la teoría, por ello Bernstein se arriesga a increpar aquel insulto a la clase obrera: “las polémicas teóricas son sólo para los académicos”; pero al mismo tiempo no comprenden la lucha de clases porque convierten las reformas sociales en el fin último de la acción política. No logran distinguir entre aquellas reformas que sólo benefician al capital y aquellas que derrumban estructuralmente el capitalismo (“reformas no reformistas”). Su supuesta propuesta de una realización “gradual del socialismo” y su pacto con la “democracia burguesa”, terminan perpetuando el régimen capitalista. En palabras de la gran revolucionaria: “Debemos sacar la conclusión de que el movimiento socialista no está atado a la democracia burguesa, sino que, por el contrario, la suerte de la democracia está atada al movimiento socialista”
 
Lenin también atalaya la agudeza de los argumentos contra el reformismo y la socialdemocracia en el seno de los comunistas, prosiguiendo el debate contra Bernstein. Para la aguda mirada del dirigente ruso, siempre habrá que estar atentos al peligro de “dejar de ser el partido de la revolución social para transformarse en un partido democrático de reformas sociales”. Los pasos ideológicos para este desplazamiento por momentos son invisibles, pero siempre devastadores. Algunos son los siguientes: se declara carente de fundamento el concepto de “objetivo final” o estratégico; se rebate la teoría de la lucha de clases como inaplicable en una “sociedad democrática”; se reconcilia el liberalismo con el socialismo; se fomenta la “colaboración de clases”; y se privilegia la acción política electoral y parlamentaria. 
 
Con suficientes razones, el Camarada Nelson Fajardo, ha dedicado sus reflexiones críticas, en los últimos años, a develar la tipología del “social reformismo progresista”, que domina en los sectores mayoritarios de la dirección partidista. Ha encontrado sus fuentes en el abandono del marxismo revolucionario y el desplazamiento al “laborismo”, el “posibilismo” y el “revisionismo” alemán. 
 
Ética revolucionaria. La crisis ideológica necesariamente se agudiza por el “negacionismo” patógeno de la aguda crisis ética de las prácticas cotidianas de la vida comunista. Para muchos dirigentes enquistados en la nomenclatura, tal vez, el discurso y los límites éticos, sean meramente un “rezago de clase” o un inconveniente para el “realismo político” o el “pragmatismo”. Para otros, la nostalgia “romántica” de un anacronismo filosófico. 
 
El predominio del provecho personal, los intereses personales y los micropoderes, sobre el sentido de lo común y lo colectivo, ha hecho pedazos la fraternidad, la solidaridad y la ética revolucionaria. La inexistencia de mecanismos para tramitar las diferencias y contradicciones, evadiendo siempre el diálogo directo y franco, ha fomentado la hipocresía y el irrespeto profundo a las minorías críticas.
 
La obsesión por la permanencia burocrática en los cargos ha convertido al partido en un simple “aparato” para la realización de los intereses individuales y la perpetuación siempre de los mismos. 
 
Voces de la esperanza crítica 
 
El horizonte comunista aparece hoy más cerca si logramos recuperar lo común y lo colectivo, si escuchamos las voces de la esperanza crítica. Los comunistas deseamos cambiar el mundo también para transformarnos a nosotros mismos, porque no existe verdadera revolución que no cuestione nuestra actual condición humana. 
Consideramos también que el horizonte comunista es posible porque ha habido comunistas, hombres y mujeres que soñaban con otro mundo y estaban dispuestos a entregar buena parte de su vida por sus convicciones. 
En palabras de Etienne Balibar: “lo que hace del comunista un sujeto diferente a los demás es principalmente su compromiso con una idea determinada, que, por supuesto, es también un ideal… por definición, el objeto o el objetivo ideal del deseo comunista no es algo que forme parte del estado actual de cosas”. 
O en términos de Marx, en La Ideología Alemana: “el comunismo es el movimiento real que supera el actual estado de cosas”. 
 
En las regiones y las bases se cuestiona el estado actual de cosas, la insatisfacción se organiza y al final siempre se desencadenará una ola de revueltas. Ningún pueblo o sociedad aceptarán nunca la sumisión, la mentira o la explotación. 
 
En estos dos meses, las voces de la esperanza crítica cuestionan aspectos medulares del proyecto estratégico de las y los comunistas colombianos. No consideran posible un horizonte “comunista sin subjetividades”. Emergen en breve tiempo cuatro núcleos críticos: la orientación y respeto del trabajo internacional; la coherencia en la perspectiva de género; la naturaleza de la militancia; y las medidas contra formas veladas o directas de censura al pensamiento. 
 
Trabajo internacional. Una actividad constante y mesurada del trabajo internacional del PCC, durante varios años, se ve seriamente amenazada por el respaldo del sector mayoritario de la dirección ejecutiva al “grupismo” y el privilegio de relaciones personales. El distanciamiento de la Camarada Maria Cepeda del Comité Ejecutivo y su renuncia a la dirección distrital no han sido objeto de análisis y de un trato digno con la Camarada, por parte de la Dirección Nacional. La Carta desde el exilio del Camarada Alfredo Holguín, sobre los criterios del trabajo internacional, tampoco ha tenido ningún análisis y mucho una respuesta de ninguna instancia de dirección partidista. 
 
Coherencia en la perspectiva de género. En julio 18 del año en curso, fue dirigida una Carta al Comité Central, por parte de un grupo significativo de mujeres y militantes de los territorios, solicitando aclaraciones sobre las medidas ante la situación que implica los derechos fundamentales de dos mujeres militantes y hasta el momento el Área de Mujer y Diversidad, como tampoco el Comité Central, han dado respuesta alguna a esas voces regionales. Hecho que constituye una anomalía grave en las relaciones del centro con las regiones y una posible incoherencia en el tratamiento oportuno en asuntos graves que implican la perspectiva de género. 
 
Naturaleza y derechos de la militancia. Ha quedado aplazada o silenciada, por parte de la dirección ejecutiva y el Comité Central, la discusión nacida en el XXII Congreso del PCC, sobre las posibilidades de un militante de acceder a la Dirección Central, cuando no puede constatar su condición de militante, como es el caso de la actual presidenta de la Unión Patriótica. 
 
Censura al pensamiento crítico. Mientras en su posesión como secretario reelegido se afirmó de forma reiterada que “no existe, ni existirá ninguna persecución a la libertad de opiniones” dentro del PCC, de forma sorprendente a partir de nuestra Carta del 30 de julio, fue suspendida del Semanario Voz, la columna “La Historia a Contrapelo”, que teníamos bajo nuestra responsabilidad desde hace más de cuatro años. 
Nunca fuimos notificados de los motivos de esta censura que desdice tanto de los criterios de su director como de la tradición del periodismo revolucionario. 
 
El horizonte comunista es indetenible y nuestra tarea seguirá siendo como lo planteará Walter Benjamin, “cepillar la historia a contrapelo”. No podrá existir nunca empatía con los vencedores, porque la historia a contrapelo pertenece a los oprimidos, a los explotados y a las víctimas. El horizonte comunista es posible porque ha habido comunistas que mantienen viva la llama de la crítica contra la historia de los vencedores. Las voces comunistas de las bases y los territorios pertenecen a ese “cepillar la historia a contrapelo”. 
 
Sergio De Zubiría Samper 
 
Septiembre 28 de 2017
Visto 291 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

Escúcheme aquí

En

Vivo!

No se pierda nuestro programa todos lo Jueves a las 10:30 am
Esperamos sus opiniones y denuncias. Aquí

Recorriendo

Colombia

Cerca al ciudadano, recorriendo palmo a plamo nuestro País, para dar a conocer sus derechos
 

En las Redes

Sociales

Conectate con nosotros y sigue nuestros proyectos y gestiones minuto a minuto